lunes, 21 de diciembre de 2009

The real actual world in which we actually live

El mejor reflejo de la miseria humana preponderante en esta sociedad, se ve reflejada en las calles; en gente que duerme en pórticos, rincones, bajo puentes o, sin ir más lejos, en medio de la vereda, cubiertos sólo por unos pocos cartones y por mugre, acumulada con el paso del tiempo.
La gente se aleja de ellos y les hacen el quite: nadie soporta estar cerca de alguien impregnado a orines
y alcohol. por su parte, ellos, para evadir su realidad y para mantenerse en calor…o, en realidad, dejar de sentir el frío, se embriagan a diario, pidiendo monedas para tomar y tomando cualquier cosa que esté a su alcance. Mas lo único que consiguen con esto es evadirse; ya que aunque no sientan el frío, el alcohol les baja la temperatura corporal, haciendo que sean los más vulnerables a morir de hipotermia. Toman para vivir, viven para tomar…y con esta constante ingesta de cantidades industriales de alcohol, al mismo tiempo que buscan evadirse, se autoinducen una muerte neuronal progresiva, que culmina en que empiezan a perder la razón, hasta acabar totalmente desorientados. Cubiertos de mugre, se les suele ver con barbas largas, pegoteadas con su propia flema y mocos; su ropa a medio deshacer, los pies descalzos, el pelo enmarañado. Sus uñas largas, negras, son fiel reflejo de la miseria a la que se han abandonado estos hombres; que dando por perdida la batalla, no hacen nada más que pedir unas pocas maneras para subsistir, no haciendo nada para salir adelante…total, para qué si no conseguirán nada, no en esta sociedad que los rechaza y que les da vuelta la cara, incapaz de enfrentar el reflejo de su propia miseria.
Y pensar que el asunto no se trata de ser un neo francisco de asís o una nueva madre teresa de Calcuta. Todos sabemos para qué quieren las monedas. Pero en vez de una moneda, siempre uno puede darle un pan, un yoghurt o por último ese chocolate que llevamos en la mochila…y que no es precisamente por necesidad, sino que mera golosería.
Pero el ser humano es libre. Y es así, con esta libertad, que puede elegir si hacer algo o no…pero que no dé vuelta la cara cuando se encuentre, cara a cara, con su propia miseria existencial, encarnada en estos personajes.