lunes, 17 de agosto de 2009

Los últimos coletazos de la Concertación

Nuestra presidenta se lució cuando, tras afirmar que "Frei es mi candidato", dijo (y cito) que "el cambio por el cambio no tiene sentido". Esta frase sería correcta dentro de otros contextos, pero en el contexto en que lo dijo no sólo no junta ni pega, sino que está diametralmente equivocada: el cambio per sé es necesario. ¿Por qué? Porque esto de que la Concertación lleve AÑOS apoltronada en el gobierno sólo se presta para que haya más corrupción y que no haya un esfuerzo real por alcanzar el progreso. Estos gobiernos populistas lo único que buscan es conseguir los aplausos de la mayoría por medio de obras chicas mediocres que realizan al final de sus gobiernos, dejando boquiabiertos a los que se dejan deslumbrar con estas pequeñeces; no obstante, no se molestan siquiera en considerar (realmente, porque en lo que de los dientes para afuera se refiere, se preocupan "por toda la realidad chilena") los problemas reales y de fondo, para los cuales fueron supuestamente electos: para solucionarlos, no para comentar y dejar opiniones en el aire.
Pero volviendo al tema: el cambio en sí es necesario. Para disminuir (ojo, no eliminar, eso sería
utópico) la corrupción, para una mayor eficiencia y eficacia en las soluciones de los problemas nacionales, y para lograr un progreso real en este país; es necesario que haya movimiento político y uno real, no uno que se limite a un pasarse la pelota entre los partidos concertacionistas. Y esto es así porque al no tener nadie asegurado su lugar en la casa blanca, todos se esforzarán el triple en sus gobiernos para ser elegidos en las elecciones siguientes; mientras que si la Concertación sigue apernada en el trono, lo único que conseguiremos será más corrupción, que nos roben más plata y que nos sigan metiendo el dedo hasta el estómago.
Así que, independiente si uno es o no partidario de la Alianza, de momento es la única alternativa para un cambio y, por ende, para un progreso real. Y eso es lo que Chile necesita: cambio en el poder y el consiguiente progreso.
Ahora, si analizamos a los candidatos, nos encontramos con lo siguiente:
* Eduardo Frei: éste si que no cacha una.
Porque si cachara, se daría cuenta de que ya se le fue el tren político. Ok, si estuviéramos hablando del presidente de la era de oro chilena, ahí entraríamos a considerar la posibilidad de reelegirlo; pero estamos hablando de un tipo que pasó sin pena ni gloria y que se la pasó viajando por todo el mundo (pro: ayudó a las relaciones internacionales; contra: usó un presupuesto que tal vez hubiera sido mejor invertirlo en la educación). Entonces, si no tuvo mayor brillo, ¿por qué elegir a alguien que sabemos que no es ni será la mayor cosa, pudiendo elegir a alguien que sacará nuestro país adelante? Pero bueno, Frei: soñar es gratis. Pero la gente quiere y merece más que alguien sin el menor brillo. Y si sales, sabemos que será igual. Y todos queremos algo más. Mucho más. Así que "hasta la vista, baby".
* Marco Enrique Ominami: amoroso, simpático y supuestamente se trataría de un "concertacionista reformado". Pero ¿qué nos asegura que no sea una trampa de la Concertación, que sabe que Chile quiere cambio, para asegurarse seguir en el trono, bajo la máscara de que ya no? Y esto sin contar que tiene cero experiencia política (al menos de peso). Puede ser que más adelante, pero por ahora aún no tiene la experiencia necesaria para ser un candidado digno.
* Sebastián Piñera: Otra cosa. Primero, sabemos que no va a robar plata, porque él ya tien
e más de lo que puede sacar como presidente. Segundo, ha hecho maravillas como empresario, entonces ¿qué impediría que saque a Chile adelante tan bien como ha hecho con sus empresas? Tiene todas las aptitudes para hacer maravillas en el cargo administrativo; porque, no nos vayamos con cuentos: el presidente no es alguien bueni ondi que uno invite a tomar tecito a la casa, sino que es la persona encargada de administrar los recursos del país y es quien nos representa ante el mundo. Por lo que no puede ser cualquier fulanoel que dé la cara, no; tiene que ser alguien con experiencia, carismático, que sepa de política y de negocios, que sepa cómo administrar y sacar adelante con los recursos que se tienen, que tenga propuestas concretas y reales; y que traiga los aires frescos del cambio que nuestro país tanto necesita.
En fin, es evidente que la sra. Bachelet no esté de acuerdo con el cambio. Es evidente por lo que ella misma dijo al decir que Frei es su candidato: le conviene desprestigiar la idea del cambio, porque no hay nada que se oponga más al cambio que Frei: fue mediocre, es concertacionista y es más de lo mismo. Más mediocridad, más tiempo en el estado de país tercer mundista que jamás se mueve de la posición de "en vías de desarrollo". Si no hay cambio, jamás llegaremos a ese desarrollo que tanto se anhela.
Queremos progreso. Necesitamos un cambio. Y nada de eso es posible mientras la Concertación siga en la moneda. Así que, independiente de las preferencias políticas, la Concertación tiene que bajarse. El progreso llegará cuando el movimiento político empiece. Y ya llegó (¡por fin!) la hora.
Por último, para cerrar el tema, un último premio limón a los comentarios de la presidenta: "la mayoría de los chilenos es de centroizquierda y la Concertación sigue representando a ese mundo". A ver... ¿mundo? Hasta donde yo tenía entendido, por la sola patria ya todos somos chilenos. La patria es una, al igual que el país. Que no me venga a hablar de mundo, porque ahí entra en contradicción: ¿no se supone que una de las metas de nuestro país es lograr la igualdad? Porque lo único que logra con esos discursos es dividir al país; y, más encima, el mensaje entre líneas va contra la libertad de elección, ya que de lo que dijo se desprende que, de un modo u otro, por eso de que la "mayoría" tenga una preferencia política determinada, ahora todos tenemos que votar (al estilo de una obligación disfrazada) por la Concertación, sus robos (basta con decir "chiledeportes"), su corrupción y su mediocridad. ¿Es que nos cree estúpidos? Probablemente debe pensar que los chilenos somos lo suficientemente tontos como para caer en esos discursos sentimentalistas, cuando todos sabemos que a la Concertación, al menos de momento, "se le pasó el tren". Deberían ir asumiéndolo en vez de autoridiculizarse con esos discursos populistas (porque digamos las cosas como son: ellos dicen que se preocupan por los pobres y los necesitados, pero las escuelas siguen igual de malas, la educación pública va de mal en peor, la brecha no hace más que aumentar; y los únicos que se preocupan de los pobres -construyéndoles casas, haciendo campañas solidarias, llevando desayunos a los viejitos de la calle, etc.- son los jóvenes católicos o estudiantes de establecimientos religiosos -o al menos de preferencia cristiana-. La Concertación dice mucho, pero no hace nada) e insultar la inteligencia de todos los chilenos.
Por fin llegó la hora. Está en nuestras manos y votos el progreso del país.