En pleno Paseo Estado con Huérfanos, son las 09.50 y las calles aún están relativamente despejadas. Apenas hay unas pocas personas, la mayoría se dirige a sus lugares de trabajo. De los que están sentados, unos se toman un cafecito antes de correr a la oficina, otros esperan a que abran las tiendas en las que atienden. Los quioscos cuelgan sus revistas y diarios, los mendigos aún duermen en las bancas. Recién a las 10.00 empieza a funcionar el centro.
Sube la persiana de la librería, se encienden las luces. Cuelgo mi mochila en un clóset que hay al fondo y lo primero que hago es limpiar los vidrios. La gente mira los libros de la vitrina por sobre mi hombro, algunos lanzando miradas que parecen decir "me estorban, tú y tu limpiavidrios!". Pero la rutina continúa. Después me instalo tras el aparador, derritiéndome de calor a causa de las luces de la vitrina, las cuales han de permanecer encendidas -no vaya a ser que la gente no vea los libros a la luz del día, no? jajjaj- y sonriéndole a cada gil que entre por la puerta, preguntando siempre por cosas que no hay (lápices, agendas, papel lustre, tijeras, pinceles...hasta bombitas de agua han venido a pedir!).
Una anécdota simpática, fue aquella vez en la que una niña entró preguntando si teníamos libros que criticaran a la Iglesia Católica. Siendo que esta librería se caracteriza por su línea editorial católica (venden todos los libros del Opus Dei, además de libros de Teología y algunos de Schönstatt). Pero bueno.
Lo otro que me ha sorprendido, es la cantidad de vendedores ambulantes, mendigos y borrachos que se han dado la molestida de entrar sólo para pedir que le demos unas monedas o que compremos lo que venden. Pero, dentro de éstos, lo más insólito fue ayer, cuando entró un tipo vendiendo alcohol y se fue insultándome porque le dije que "no, gracias". Plop.
En fin.
Sigo tras el aparador. A mi derecha está la vitrina principal. La gente pasa afuera, paseándose, en multitudes cada vez mayores. La calle etá llena de puestos de vendedores ambulantes, ofreciendo de todo: carteras, sombreros, anteojos de sol, pañuelos, y a precios casi regalados. Pero nadie entra acá. O sea, igual depende: hay horas en que entra mucha gente, y las que atendemos no damos abasto, pero hay horas, como ésta, en la que nadie pasa de la entrada. Miran los libros en vitrina y se van.
Mas pese a eso, no podemos movernos de nuestros puestos. Hay que estar al acecho, como leonas al acecho de las gacelas, listas para atacar y vender algo.
Aunque no sirve de mucho, porque aunque uno les sonría y les diga "hola, buenas tardes; ¿le puedo ayudar en algo?", la gente sigue de largo, sin dirigir siquiera la mirada, ignorándome olímpicamente.
Y así van transcurriendo las horas encerrada en la librería, en la mitad del centro, mientras los otros pasean por las calles al aire libre.
Entre paréntesis: una señora me acaba de preguntar dónde venden zapatos para niñitas.
Qué atroz.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
lunes, 21 de diciembre de 2009
The real actual world in which we actually live
El mejor reflejo de la miseria humana preponderante en
esta sociedad, se ve reflejada en las calles; en gente que duerme en pórticos, rincones, bajo puentes o, sin ir más lejos, en medio de la vereda, cubiertos sólo por unos pocos cartones y por mugre, acumulada con el paso del tiempo.
La gente se aleja de ellos y les hacen el quite: nadie soporta estar cerca de alguien impregnado a orines
y alcohol. por su parte, ellos, para evadir su realidad y para mantenerse en calor…o, en realidad, dejar de sentir el frío, se embriagan a diario, pidiendo monedas para tomar y tomando cualquier cosa que esté a su alcance. Mas lo único que consiguen con esto es evadirse; ya que aunque no sientan el frío, el alcohol les baja la temperatura corporal, haciendo que sean los más vulnerables a morir de hipotermia. Toman para vivir, viven para tomar…y con esta constante ingesta de cantidades industriales de alcohol, al mismo tiempo que buscan evadirse, se autoinducen una muerte neuronal progresiva, que culmina en que empiezan a perder la razón, hasta acabar totalmente desorientados. Cubiertos de mugre, se
les suele ver con barbas largas, pegoteadas con su propia flema y mocos; su ropa a medio deshacer, los pies descalzos, el pelo enmarañado. Sus uñas largas, negras, son fiel reflejo de la miseria a la que se han abandonado estos hombres; que dando por perdida la batalla, no hacen nada más que pedir unas pocas maneras para subsistir, no haciendo nada para salir adelante…total, para qué si no conseguirán nada, no en esta sociedad que los rechaza y que les da vuelta la cara, incapaz de enfrentar el reflejo de su propia miseria.
Y pensar que el asunto no se trata de ser un neo francisco de asís o una nueva madre teresa de Calcuta. Todos sabemos para qué quieren las monedas. Pero en vez de una moneda, siempre uno puede darle un pan, un yoghurt o por último ese chocolate que llevamos en la mochila…y que no es precisamente por necesidad, sino que mera golosería.
Pero el ser humano es libre. Y es así, con esta libertad, que puede elegir si hacer algo o no…pero que no dé vuelta la cara cuando se encuentre, cara a cara, con su propia miseria existencial, encarnada en estos personajes.
esta sociedad, se ve reflejada en las calles; en gente que duerme en pórticos, rincones, bajo puentes o, sin ir más lejos, en medio de la vereda, cubiertos sólo por unos pocos cartones y por mugre, acumulada con el paso del tiempo.La gente se aleja de ellos y les hacen el quite: nadie soporta estar cerca de alguien impregnado a orines
y alcohol. por su parte, ellos, para evadir su realidad y para mantenerse en calor…o, en realidad, dejar de sentir el frío, se embriagan a diario, pidiendo monedas para tomar y tomando cualquier cosa que esté a su alcance. Mas lo único que consiguen con esto es evadirse; ya que aunque no sientan el frío, el alcohol les baja la temperatura corporal, haciendo que sean los más vulnerables a morir de hipotermia. Toman para vivir, viven para tomar…y con esta constante ingesta de cantidades industriales de alcohol, al mismo tiempo que buscan evadirse, se autoinducen una muerte neuronal progresiva, que culmina en que empiezan a perder la razón, hasta acabar totalmente desorientados. Cubiertos de mugre, se
les suele ver con barbas largas, pegoteadas con su propia flema y mocos; su ropa a medio deshacer, los pies descalzos, el pelo enmarañado. Sus uñas largas, negras, son fiel reflejo de la miseria a la que se han abandonado estos hombres; que dando por perdida la batalla, no hacen nada más que pedir unas pocas maneras para subsistir, no haciendo nada para salir adelante…total, para qué si no conseguirán nada, no en esta sociedad que los rechaza y que les da vuelta la cara, incapaz de enfrentar el reflejo de su propia miseria.
Y pensar que el asunto no se trata de ser un neo francisco de asís o una nueva madre teresa de Calcuta. Todos sabemos para qué quieren las monedas. Pero en vez de una moneda, siempre uno puede darle un pan, un yoghurt o por último ese chocolate que llevamos en la mochila…y que no es precisamente por necesidad, sino que mera golosería.
Pero el ser humano es libre. Y es así, con esta libertad, que puede elegir si hacer algo o no…pero que no dé vuelta la cara cuando se encuentre, cara a cara, con su propia miseria existencial, encarnada en estos personajes.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Primer capítulo en un nuevo libro de mi vida
Tal cual. Nada de dar vuelta la página o empezar un nuevo capítulo.
De una empiezo un nuevo libro.
Y esto es así, gracias a que me di cuenta que había un lastre en mi vida que no vale la pena. Y en el momento en que lo sopesé y llegué a esta conclusión, fue un minuto liberador. He vuelto a ser feliz. Me saqué un GRAN peso de mis hombros y ahora puedo caminar ligera de paso otra vez. Me saqué la espina que me atravesaba el corazón y que me impedía respirar. Nuevamente puedo respirar profundo, ver los colores del mundo, caminar a paso ligero, sonreír...pero esta vez de verdad, sinceramente.
Había olvidado lo agradable que era todo esto.
Hoy caminé cantando, casi bailando; hoy, después de mucho tiempo, pude sonreír y hablar sin que se me llenaran los ojos de lágrimas. ¡Fue genial! ¡Incluso se me ocurrieron un par de ideas para escribir un cuento!
El problema es que aún me queda el paso más difícil: atreverme a darle mi corazón a alguien. Pero bueno, eso pasará cuando aparezca alguien que me quiera tal y como soy, y que se la juegue por mí. Que demuestre que no se dejará influenciar por tonteras o por factores externos. Pero bueno, sólo el tiempo dirá si hay alguien así.
De una empiezo un nuevo libro.
Y esto es así, gracias a que me di cuenta que había un lastre en mi vida que no vale la pena. Y en el momento en que lo sopesé y llegué a esta conclusión, fue un minuto liberador. He vuelto a ser feliz. Me saqué un GRAN peso de mis hombros y ahora puedo caminar ligera de paso otra vez. Me saqué la espina que me atravesaba el corazón y que me impedía respirar. Nuevamente puedo respirar profundo, ver los colores del mundo, caminar a paso ligero, sonreír...pero esta vez de verdad, sinceramente.
Había olvidado lo agradable que era todo esto.
Hoy caminé cantando, casi bailando; hoy, después de mucho tiempo, pude sonreír y hablar sin que se me llenaran los ojos de lágrimas. ¡Fue genial! ¡Incluso se me ocurrieron un par de ideas para escribir un cuento!
El problema es que aún me queda el paso más difícil: atreverme a darle mi corazón a alguien. Pero bueno, eso pasará cuando aparezca alguien que me quiera tal y como soy, y que se la juegue por mí. Que demuestre que no se dejará influenciar por tonteras o por factores externos. Pero bueno, sólo el tiempo dirá si hay alguien así.
domingo, 13 de diciembre de 2009
A Happy World
Había una vez un mundo feliz. Todos eran felices y jóvenes. Salían , estudiaban, trabajaban; siempre haciendo la vida normal de una persona feliz.
Entre estas personas del Mundo Feliz, había una joven. Ella sabía cómo funcionaba la cosa: se hacía una vida normal. Después, si te casabas y hacías una vida normal, no morías, sino que vivías largamente entre los tuyos o al menos en ellos, en el recuerdo.
Si no lo hacías, tu vida seguía normal y perfecta hasta los 39. Ahí, se caía en un sueño profundo; pasabas a un estado de descanso perfecto que nadie jamás interrumpiría. Lo sabía. Lo tenía claro. Lo tenía asumido. Y ya se acercaba su cumpleaños número 25.
Entre estas personas del Mundo Feliz, había una joven. Ella sabía cómo funcionaba la cosa: se hacía una vida normal. Después, si te casabas y hacías una vida normal, no morías, sino que vivías largamente entre los tuyos o al menos en ellos, en el recuerdo.
Si no lo hacías, tu vida seguía normal y perfecta hasta los 39. Ahí, se caía en un sueño profundo; pasabas a un estado de descanso perfecto que nadie jamás interrumpiría. Lo sabía. Lo tenía claro. Lo tenía asumido. Y ya se acercaba su cumpleaños número 25.
sábado, 5 de diciembre de 2009
The E.N.D.
Sé que este tema es tétrico, pero cada quien es libre de leerlo o no. Y es mi blog, por lo que escribo acerca de lo que me llama la atención.
Hace poco hablaba con alguien sobre los que se tratan de suicidar y que terminan poco menos que tetrapéglicos. Y si uno le da una vuelta, hay que ser muy tonto para hacer esas cosas.
Todo el mundo sabe que si te disparas en la cabeza (y más aún con una pistola en la boca), hay altísimas probabilidades de que sobrevivas y más encima quedes con retardo y con la cara deforme. Assholes. Lo mismo que los tipos que toman pastillas o substancias raras. Con suerte se matan el hígado. La mayoría también acaba con retardo y poco menos que tetraplégicos.
O los que saltan desde un tercer piso.
Valor.
Todo el mundo sabe que si no es al menos desde un 10vo piso y en posición de clavado, con suerte se quiebra todos los huesos y queda, nuevamente, con retardo y tetraplégico.
Yo creo que los que hacen estas cosas así de mal, es que en el fondo no quieren matarse, sino que simplemente quieren llamar la atención y quedar vivo a medias para evadir sus problemas. Pero no se matan realmente y le cargan la mano a los que los tienen que cuidar de por vida, dándoles comida en la boca y cambiándole los pañales. ¿Cuál es la idea?
Porque si quieren atención, es cosa de que hablen con su familia y con un psicólogo.
Los únicos que en verdad se quieren morir, porque están realmente mal y al límite, son lo que hacen las cosas bien.
Con "hacerlo bien" me refiero a los que en verdad se preocupan de hacerlo de un modo efectivo, que no sea en la cara de sus seres queridos (lo siento, pero ellos no tienen la culpa) y sin gran escándalo. Son los que se cuelgan del Mapocho, los que se lanzan a las tóxicas aguas de este río, los que saltan de un décimo piso.
Y esas personas...es triste...en verdad están mal. Y solas. Y es aquí donde todos los cínicos de su alrededor empiezan a decir "pero por qué no dijo nada si estaba tan mal". ¿No es obvio? Porque se sienten incomprendidos. Y si no les dijeron, perfectamente los otros podrían haber tomado alguna iniciativa y haber conversado o algo así. O los peores: "el pobre, se veía tan triste". ¡¿Y por qué no hicieron nada al respecto?!
Creo que en estos casos, la gente, en un gran porcentaje al menos, no puede alegar. Estamos en un mundo donde estas cosas ocurren a cada rato y la gente no hace nada, no sé si será porque no atina o porque le da lata o desidia, cuando aún se está a tiempo para conversar y evitar ese desenlace tan crudo. Y más encima después alegan. ¿Cómo tan cara dura?
Los únicos que se libran de esta crítica son los amigos verdaderos y la familia, cuando en verdad hicieron el intento de acercarse y conversar, para ver si podían ayudar en algo (pero sólo cuando va con la real intención de ayudar).
Todos alguna vez hemos pensado alguna vez en poner fin a nuestras vidas. Pero ¿cuántos han sentido que a nadie le importaría, que después de un duelo de rigor la vida seguiría adelante como si nada? ¿Cuántos se encuentran en una soledad inmensa, que parece un hoyo negro que todo lo traga, sin nadie que lo apoye en vez de decirle "cut the dramma" o "es una lata estar contigo con esa cara, a todos les da lata salir con alguien triste" o "cambia esa actitud, en verdad aburre y hace que sea una lata estar cerca tuyo"?
Es horrible estar en esa situación de soledad y dolor que parecen infinitos. Y peor cuando uno siente que no puede contar con nadie. Porque en este mundo si no eres feliz y sin problemas, nadie quiere estar contigo. Nadie quiere a los tristes y a los aproblemados. Qué lata apoyarlos, habiendo tan gente feliz alrededor. Qué lata tener que tragarse sus lágrimas, cuando uno podría estar hablando de superficialidades con gente feliz en una fiesta.
Y después alegan.
Como para no creerlo.
Hace poco hablaba con alguien sobre los que se tratan de suicidar y que terminan poco menos que tetrapéglicos. Y si uno le da una vuelta, hay que ser muy tonto para hacer esas cosas.
Todo el mundo sabe que si te disparas en la cabeza (y más aún con una pistola en la boca), hay altísimas probabilidades de que sobrevivas y más encima quedes con retardo y con la cara deforme. Assholes. Lo mismo que los tipos que toman pastillas o substancias raras. Con suerte se matan el hígado. La mayoría también acaba con retardo y poco menos que tetraplégicos.
O los que saltan desde un tercer piso.
Valor.
Todo el mundo sabe que si no es al menos desde un 10vo piso y en posición de clavado, con suerte se quiebra todos los huesos y queda, nuevamente, con retardo y tetraplégico.
Yo creo que los que hacen estas cosas así de mal, es que en el fondo no quieren matarse, sino que simplemente quieren llamar la atención y quedar vivo a medias para evadir sus problemas. Pero no se matan realmente y le cargan la mano a los que los tienen que cuidar de por vida, dándoles comida en la boca y cambiándole los pañales. ¿Cuál es la idea?
Porque si quieren atención, es cosa de que hablen con su familia y con un psicólogo.
Los únicos que en verdad se quieren morir, porque están realmente mal y al límite, son lo que hacen las cosas bien.
Con "hacerlo bien" me refiero a los que en verdad se preocupan de hacerlo de un modo efectivo, que no sea en la cara de sus seres queridos (lo siento, pero ellos no tienen la culpa) y sin gran escándalo. Son los que se cuelgan del Mapocho, los que se lanzan a las tóxicas aguas de este río, los que saltan de un décimo piso.
Y esas personas...es triste...en verdad están mal. Y solas. Y es aquí donde todos los cínicos de su alrededor empiezan a decir "pero por qué no dijo nada si estaba tan mal". ¿No es obvio? Porque se sienten incomprendidos. Y si no les dijeron, perfectamente los otros podrían haber tomado alguna iniciativa y haber conversado o algo así. O los peores: "el pobre, se veía tan triste". ¡¿Y por qué no hicieron nada al respecto?!
Creo que en estos casos, la gente, en un gran porcentaje al menos, no puede alegar. Estamos en un mundo donde estas cosas ocurren a cada rato y la gente no hace nada, no sé si será porque no atina o porque le da lata o desidia, cuando aún se está a tiempo para conversar y evitar ese desenlace tan crudo. Y más encima después alegan. ¿Cómo tan cara dura?
Los únicos que se libran de esta crítica son los amigos verdaderos y la familia, cuando en verdad hicieron el intento de acercarse y conversar, para ver si podían ayudar en algo (pero sólo cuando va con la real intención de ayudar).
Todos alguna vez hemos pensado alguna vez en poner fin a nuestras vidas. Pero ¿cuántos han sentido que a nadie le importaría, que después de un duelo de rigor la vida seguiría adelante como si nada? ¿Cuántos se encuentran en una soledad inmensa, que parece un hoyo negro que todo lo traga, sin nadie que lo apoye en vez de decirle "cut the dramma" o "es una lata estar contigo con esa cara, a todos les da lata salir con alguien triste" o "cambia esa actitud, en verdad aburre y hace que sea una lata estar cerca tuyo"?
Es horrible estar en esa situación de soledad y dolor que parecen infinitos. Y peor cuando uno siente que no puede contar con nadie. Porque en este mundo si no eres feliz y sin problemas, nadie quiere estar contigo. Nadie quiere a los tristes y a los aproblemados. Qué lata apoyarlos, habiendo tan gente feliz alrededor. Qué lata tener que tragarse sus lágrimas, cuando uno podría estar hablando de superficialidades con gente feliz en una fiesta.
Y después alegan.
Como para no creerlo.
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