miércoles, 25 de junio de 2008

Lo que ellas quieren

¿Cómo conquistar a una mujer? Somos seres sumamente complejos, que muchas veces no tenemos claro qué diablos queremos; pero aun así hay técnicas milenarias que derriten nuestros románticos corazoncitos.
Ahora, si ya tuviste a la tuya y la perdiste por descuido o negligencia, el asunto es más complicado, mas no imposible. Si te diste cuenta de tu error y estás decidido (y comprometido) a cambiarlo, aquí hay dos técnicas milenarias que podrían ayudarte.

1. El mejor amigo.
Terminaron. Ella quiere ser tu amiga, pero tú no quieres.
Eso implica NECESARIAMENTE que tienes que respetar su espacio y no mostrar tus intenciones. Aunque te parezca contradictorio con lo que quieres obtener, tienes que partir por ser su amigo. Aunque no lo creas, del hombro a la boca, hay sólo unos centímetros. Si eres su amigo, obtendrás su confianza, además de que tendrás la oportunidad de demostrarle cuánto has cambiado y que eres un hombre nuevo. Pero ojo: si dejas que ella note tus intenciones, la perderás. Así que cuando estés con ella, proyecta en ella la imagen de un amigo tuyo y convéncete de que hablas con él, para que tus ojos no te delaten.

2. El admirador secreto.
Si quieres conquistarla, pero ella se muestra reacia cada vez que tienes un gesto con ella, prueba con la infalible táctica del admirador secreto. En el día a día no cambies en nada tu actitud hacia ella; si la miras con odio, no dejes de hacerlo, si eres indiferente, sigue siéndolo. En el fondo, no cambies para que no pueda sospechar de ti.
Tienes que partir por crear una identidad anónima. Puedes crear una cuenta de chat, con un nick que no tenga nada que ver contigo, por ejemplo "blogger76". Ahí la contactas y cuando ella te pregunta quién eres, tú le dices que eres un admirador secreto que no pudo resistirse a sus encantos, y que te conseguiste su msn sólo para hablar con ella. Ahora, no seas demasiado intenso, hay que ser natural y relajado para que no crea que eres un psicópata. Idealmente, trata de asesorarte con alguna amiga suya, para asegurarte que vayas por el buen camino.
Una vez que empiecen a hablar por msn, hazle las típicas preguntas de quienes se están recién conociendo: los favoritos. He aquí unas sugerencias:


- Grupo de música favorito.
- Canción favorita.
- Libro y autor literario favoritos.
- Flor favorita.
- Forma preferida (corazón, estrella, libélula, etc).
- Dulces favoritos.

Ya con esta información tienes bastante material para empezar con tu plan de conquista. Y como ya la conoces, tienes su dirección, teléfono y sabes dónde estudia (ahora, es importante que le preguntes antes dónde estudia, para que no sea sospechoso). Por lo que puedes empezar, pero es importante que jamás le des información tuya (características físicas, lugar de estudio - a lo más dile en qué universidad estás y tu carrera, pero no más que eso- o cualquier dato que la ayude a identificarte) y que siempre firmes como "tu admirador secreto". Ahora estás listo para el plan de ataque, que consistirá en comunicarse por chat y enviarle una sorpresa cada semana.

Semana 1: mándale un ramo de sus flores favoritas a su casa. Asegúrate que el envío sea a una hora en la que ella suele estar ahí, y cuando compres las flores y programes el envío, asegúrate que sea absolutamente anónimo y que el tipo que las lleve no le diga nada a ella. Junto con las flores, mándale una tarjeta con un poema escogido por ti, y que vaya firmado como "tu admirador secreto".

Semana 2: Para esto, tienes que averiguar su horario de clases.
Cómprale sus dulces favoritos y un café (éste tienes que comprarlo cuando ya estés en su universidad, no antes; a lo más en un Starbuckes cercano). Una vez tengas esto, busca un compañero de curso de ella y pídele que le pase las cosas y que le diga que se las manda su admirador secreto (es importante que le digas que no le diga quién eres). Tú asegúrate de que todo salga bien, vigilando a la distancia, sin que ella te vea.

Semana 3: Cómprale su libro favorito o unos libros de su autor favorito, y envuélvelos en un papel bonito. Después mándaselos a través de un amigo suyo (que le diga que se las manda su admirador secreto y que no le diga quién eres), junto con una tarjeta firmada por su "admirador secreto".

Semana 4: Cómprale alguna cosa linda con su forma favorita (aros, pulsera, collar, joyero). Por ejemplo, si su forma favorita es la libélula, le compras unos aros de libélula. Si es el corazón, un collar con un corazón (que sea lindo y chic, no una siutiquería o cursilería); acompañado de una tarjeta linda, que haga juego con lo enviado (si le gustan las estrellas, que la tarjeta tenga estrellas; si el corazón, un corazón, etc).

Semana 5: Envíale a domicilio su CD favorito (de su grupo favorito) junto con una tarjeta romántica. No olvides firmar como "tu admirador secreto".

Es muy probable que ya te haya pedido varias veces conocerse. Tienes que decir que no ("estoy corto de tiempo", "soy muy tímido, prefiero que sea más adelante", "preferiría esperar un poco más"). Recién después del 5to regalo puedes decir que sí. Queden en juntarse en un restaurante que sepas que es de su gusto (también puede ser en un salón de té, una heladería, un pub, etc.; lo importante es que sea de su gusto). Dile que te reconocerá porque llevarás una rosa roja. ES FUNDAMENTAL QUE LLEGUES PUNTUAL (idealmente 5 minutos antes) Y QUE EFECTIVAMENTE LLEVES LA ROSA (o lo que hayan acordado que sea tu distintivo, pero la rosa es más romántica, porque se la puedes dar a ella cuando llegue a la mesa).
Ahora es cosa de que seas un caballero, tierno, dulce, romántico. Es el momento para decirle lo que sientes por ella. Eso sí: no te tires al dulce, puede que te haga perder todos los puntos acumulados hasta ahora. Espera al final de la cita, y si ves que ella con la mirada te dice "puedes besarme", sólo ahí puedes hacerlo. Es importante que sea un beso suave, romántico, inocente (no es el momento para un beso francés, mejor que eso quede para más adelante).



Con estas dos técnicas ancestrales debería bastarte; pero es importante que cuentes con información sobre ella, para que te ayude a entenderla y tener claro lo que ella quiere y espera de su hombre ideal. Puedes ayudarte, para esto, de la carta astral, eneagrama, amigas de ella, familia, etc. Lo más importante es que seas sutil, le des su tiempo, respetes su tiempo y su espacio. Y nunca dejes de ser caballeroso con ella. Es la reina de tu corazón, trátala como a la realeza.

lunes, 23 de junio de 2008

Todas íbamos a ser reinas

Todas hemos soñado alguna vez con ser princesas.
Todas, los primeros de nuestras vidas; y algunas, por unos cuantos años más.
No hay niña que no haya suspirado mirando por la ventana, preguntándose cuánto más demoraría su príncipe en llegar, y visualizando el castillo en el que vivirían junto al mar, siendo "felices para siempre".

Cada quien ha imaginado su corona o tiara según su gusto, y no hay niña que no haya imaginado cómo será su vestido de princesa: azul, rosado, celeste, rojo, amarillo, blanco... de seda, de encaje o terciopelo. Unas cargadas de joyas. Pero todas hemos sido princesas alguna vez, y es que en cada niña hay una princesa. Sí, todas son princesas, sin importar su clase social, su educación, cultura, belleza, inteligencia, situación económica, raza o religión. Todas son princesas por aquello que las hace únicas, irrepetibles y, por ende, hermosas.
Es justamente esa inocencia tan propia de los primeros años (que le es arrebatada demasiado temprano a los casos más tristes), ese creer en la magia, en las hadas y los duendes, en que siempre habrá un final feliz, aun en medio de la desgracia, en esa idea de que toda persona es buena y bienintencionada. En toda esa melodía del alma de niña es que se manifiesta la princesa que habita a cada una. Y es que no todas son iguales: las hay soñadoras, aventureras, serias, alegres, curiosas, elegantes e impetuosas.
Pero la sociedad de hoy en día está constantemente tratando de matar esa princesa interior de cada niña, cada vez más temprano; imponiéndoles tareas y deberes que no son propios de la edad. Madres que trabajan, pero no por ello dejando de lado la idea de tener miles de hijos; de modo que las niñas se ven en la obligación de ser pequeñas madres, de ocuparse de sus hermanos menores como si fueran sus propios hijos, teniendo así que abandonar temprana e injustamente su infancia, por deberes que no le corresponden. O también están aquellas niñas que se ven obligadas a trabajar desde muy pequeñas, ya sea por necesidad, ya porque sus padres las obligan.
Otras dejan de serlo porque se desencantan de la vida, perdiendo así la magia propia de la infancia, magia que da toda la dulzura propia de la edad; debido a sucesos trágicos de diversas índoles.
A todo esto se le suma el afán que hay muchos establecimientos educativos, de quitarles la magia: le recomiendan a los padres o apoderados que no permitan que sus hijas lean cuentos de hadas, porque no son realistas y hacen que pasen mucho tiempo imaginando cosas en vez de estar pensando en cosas "reales".
¿Qué le pasa a esta sociedad? ¿Por qué ese afán de arrebatar aquello propio y único de la infancia? ¿Por qué quieren quitarles a las niñas eso tan íntimo, propio y maravilloso de esa etapa de los primeros años?

Todas fuimos (y somos) princesas, y todas queríamos ser reinas algún día. Pero tenemos que luchar contra esa tendencia gris que se extiende como un cáncer por toda la sociedad. Hay que luchar contra este embotamiento general y preocuparse que la magia y los colores nunca desaparezcan de nuestras vidas, porque es justamente esa magia, la magia del amor, lo que le da color y sentido a cada día de nuestras vidas.

"Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.

(...)


Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán...

Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,

y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.


Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,

y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos nunca-jamás.

Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.


Y Lucila, que hablaba al río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

Pero en el valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:

-"En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar."

(Gabriela Mistral - Todas íbamos a ser reinas)