Es curioso... hay tanto, pero a la vez nada, que decir respecto a la muerte.No siempre llega cuando se cree que debería llegar... es más, casi podría decirse que el mundo de hoy le pone una alfombra roja y le despeja el paso, barriéndole el camino con el sombrero: drogas, alcohol, manejar sin tener control sobre el auto, en condiciones que te invalidan para ello... También está la tecnología. La bendita tecnología y su radiación. Pero eso no es todo, no señor, no podemos dejar de dar un aplauso al ser humano por cooperar a su propio exterminio no sólo con lo anteriormente mencionado; también hay que recordar su obra más patente: la contaminación. Sí, la contaminación, la misma que abre hoyos en la capa de ozono para que podamos estar más bronceados cada día. Y no pasará mucho tiempo antes de que estemos todos brillando en la obscuridad, como estrellitas fluorescentes.

En fin...Ojalá la muerte quedara ahí. Sólo en eso. En el mero acto de morir.
Pero no es así, ¡no! Sino que hay mucho más de lo que creemos...o de lo que queremos creer.
¿Y qué pasa con la familia? Si muere el padre... Ok, todo hijo asume que le tocará enterrar a ambos padres. Pero eso se asume y asimila desde una cierta edad en adelante. Uno espera que los papás alcancen a conocer a sus nietos antes de irse... ¿Qué pasa con la familia cuando ésta es una familia grande, donde hay más de dos universitarios y al menos un escolar? Todo se va a las pailas...Y no me refiero sólo a la economía familiar.
¿Y los amigos?
¿Y...?
Sinceramente, creo que la muerte es cada día más inoportuna...Y por nuestra culpa, pues nosotros mismos le abrimos el paso con este afán de tecnología y progreso a costa de lo que sea. A eso hay que sumarle esta cultura caracterizada por una tolerancia cero al dolor y a la frustración. Es escalofriante la velocidad a la que sube la taza de suicidios SÓLO entre escolares. ¡Escolares! Eso es definitivamente de esta época. Los niños se ven acosados por una sociedad que los arrulla cada noche susurrándoles: "O eres todo, o no eres nada".Nosotros mismos somos quiénes llaman a la muerte.
No solamente con nuestro actuar egoísta y desconsiderado para nuestro ambiente. También destruyéndonos a nosotros mismos, por medio de esta cultura tan competitiva, perfeccionista y, casi siempre, superficial.