Es tal el individualismo, en la sociedad actual, que son muy pocos los que piensan en el resto antes de obrar. Si alguien olvida su billetera o algo de relativo valor en alguna parte, a menos que tenga la suerte de encontrarse con una de las pocas personas honestas y preocupadas por el resto que quedan, puede darlo por perdido. La conciencia del bien común encabeza la lista de especies en grave peligro de extinción. ¿Qué pasa si tras un evento alguien olvida algo en el lugar donde se realizó? La actitud que más se ve, es que el anfitrión ni siquiera se preocupa de dejar el objeto en un lugar donde no se vaya a perder, para que su dueño lo pueda recuperar. Ni siquiera se tiene ese tipo de detalles. Si el otro lo olvidó, mala suerte. ¿Para qué preocuparse si no es de uno? Si en una casa alguien deja un libro abierto en la sala de estar y otro tira algo húmedo encima, el problema no es de quien mojó el libro, sino de quien distraídamente lo dejó abierto, ya que es un lugar común y no se puede pretender que la gente tenga un mínimo de consideración hacia el prójimo.
No, definitivamente ser considerado y correcto es algo que ya pasó de moda. Gracias a la corriente individualista de estos tiempos, la gente pasa sin ver ni escuchar y no se preocupa de si lo que hace puede afectar al resto; pues eso ya es problema del resto y no de uno. Uno puede tirar la toalla mojada donde quiera, pintar donde quiera, meter cuanto ruido se le antoje…y si arruinó algo con la humedad, o manchó con pintura algo de otro, o s al otro le molesta, “no es mi problema”. Fue el cándido, que creyó que se puede esperar que el resto tenga un mínimo de consideración hacia o ajeno, el culpable. A menos que tenga todas su cosas cerradas bajo llave en SU pieza, oficina, etc.; pueden destruirlo todo y el afectado no tendrá derecho a decir pío.
Al ritmo que va esto, la sociedad humana será cada día más parecida a una sociedad de primates, donde prima la regla del más fuerte y donde en el momento en que tenga algo a mi alcance, puedo hacer lo que quiera con ello, sin importar de quién sea o cuánto le importe. Él no lo lleva encima, así que “no es mi problema”. Ya nadie es capaz de ver que todos somos responsables de todos y de la armonía en la sociedad humana. No. Hoy la gente sólo se preocupa de sí mismo y de nadie más.
Así, según la mentalidad en boga, las únicas personas que importan son: yo, mí mismo y servidor.
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