Todas hemos soñado alguna vez con ser princesas.Todas, los primeros de nuestras vidas; y algunas, por unos cuantos años más.
No hay niña que no haya suspirado mirando por la ventana, preguntándose cuánto más demoraría su príncipe en llegar, y visualizando el castillo en el que vivirían junto al mar, siendo "felices para siempre".

Cada quien ha imaginado su corona o tiara según su gusto, y no hay niña que no haya imaginado cómo será su vestido de princesa: azul, rosado, celeste, rojo, amarillo, blanco... de seda, de encaje o terciopelo. Unas cargadas de joyas. Pero todas hemos sido princesas alguna vez, y es que en cada niña hay una princesa. Sí, todas son princesas, sin importar su clase social, su educación, cultura, belleza, inteligencia, situación económica, raza o religión. Todas son princesas por aquello que las hace únicas, irrepetibles y, por ende, hermosas.
Es justamente esa inocencia tan propia de los primeros años (que le es arrebatada demasiado temprano a los casos más tristes), ese creer en la magia, en las hadas y los duendes, en que siempre habrá un final feliz, aun en medio de la desgracia, en esa idea de que toda persona es buena y bienintencionada. En toda esa melodía del alma de niña es que se manifiesta la princesa que habita a cada una. Y es que no todas son iguales: las hay soñadoras, aventureras, serias, alegres, curiosas, elegantes e impetuosas.
Pero la sociedad de hoy en día está constantemente tratando de matar esa princesa interior de cada niña, cada vez más temprano; imponiéndoles tareas y deberes que no son propios de la edad. Madres que trabajan, pero no por ello dejando de lado la idea de tener miles de hijos; de modo que las niñas se ven en la obligación de ser pequeñas madres, de ocuparse de sus hermanos menores como si fueran sus propios hijos, teniendo así que abandonar temprana e injustamente su infancia, por deberes que no le corresponden. O también están aquellas niñas que se ven obligadas a trabajar desde muy pequeñas, ya sea por necesidad, ya porque sus padres las obligan.
Otras dejan de serlo porque se desencantan de la vida, perdiendo así la magia propia de la infancia, magia que da toda la dulzura propia de la edad; debido a sucesos trágicos de diversas índoles.
A todo esto se le suma el afán que hay muchos establecimientos educativos, de quitarles la magia: le recomiendan a los padres o apoderados que no permitan que sus hijas lean cuentos de hadas, porque no son realistas y hacen que pasen mucho tiempo imaginando cosas en vez de estar pensando en cosas "reales".¿Qué le pasa a esta sociedad? ¿Por qué ese afán de arrebatar aquello propio y único de la infancia? ¿Por qué quieren quitarles a las niñas eso tan íntimo, propio y maravilloso de esa etapa de los primeros años?

Todas fuimos (y somos) princesas, y todas queríamos ser reinas algún día. Pero tenemos que luchar contra esa tendencia gris que se extiende como un cáncer por toda la sociedad. Hay que luchar contra este embotamiento general y preocuparse que la magia y los colores nunca desaparezcan de nuestras vidas, porque es justamente esa magia, la magia del amor, lo que le da color y sentido a cada día de nuestras vidas.
"Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.
(...)
Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán...
Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.
Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.
En las viñas de Montegrande,con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos nunca-jamás.
Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.
Y Lucila, que hablaba al río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.
En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.
Pero en el valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:
-"En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar."
(Gabriela Mistral - Todas íbamos a ser reinas)

1 comentario:
Es una lastima que la mayorìa de las niñas no puedan seguir soñando con cuentos de hadas y dejen de ser princesitas como tu.
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