martes, 22 de agosto de 2006

Inspiración en la ausencia de Inspiración

Una vez más, me invade el deseo de escribir. Con la diferencia de que en esta ocasión me encuentro en medio del patio de la universidad, sin lápiz ni papel. Lo único con lo que cuento es mi celular. Así que empiezo a escuchar radio por el manos libres, después pongo "crear mensaje de texto", respiro profundo y ruego a las musas que me inspiren. Nada.

Al parecer, esas doncellas murieron junto a los tiempos antiguos y sus respectivos personajes; porque no es mucho lo que hacen por los escritores de hoy en día. Lo mismo respecto a todas aquellas deidades de la música, el arte y la belleza, entre otras.

Y tampoco puedo acudir al Dios de este siglo. Y con ello me refiero al dinero, a quien el capitalismo e individualismo de los últimos años han deificado. No puedo servirme de él, partiendo porque no tengo ni un céntimo.
Así que, falta de deidad a quien acudir, me veo obligada a afrontar esta tarea con mis propios medios.

Pero hay algo que me arranca de estas divagaciones: en la radio tocan una canción romántica. Y no sé si será por la canción, por la falta de tema para escribir o porque el sol me estaba tostando las neuronas (si bien ésta última es la más probable); la cosa es que me vi transportada a una breve fantasía donde me veía a mí misma con mi musa (¿o debería decir "muso"?).

Simplemente conversando de diversos temas... Persona ideal (motivo por el cual jamás será más que una Idea; no sólo no existe la persona perfecta, sino que que tampoco me gustaría conocerla fuera de mis fantasías, carecería de "sabor" humano...), lugar ideal...
Pero un "¿Tienes fuego?" bastó para sacarme de mis cavilaciones y encarar la dura realidad. No tengo tema, como tampoco fuego. Damn it.
Echando un vistazo al pasado, recordé que para estas situaciones, en el colegio nos enseñaron una técnica especial: "Lluvia de Ideas" o Brainstorm.

Esto consiste en tirar palabras salpicadas en el papel, es una lluvia de palabras. Como si las ideas salieran de tu cabeza para estallar en la hoja de tu cuaderno (en este caso en el SMS). Después uno las empieza a hilar y ahí van saliendo una que otra idea.
Genial. Entonces a falta de una carencia, ahora son dos: no se me ocurre tema ni palabras que pudiesen ser pertinentes a éste. Definitivamente se me tostaron las neuronas esta mañana.
A modo de "plan B" echo un vistazo a mi alrededor y me dedico a observar a la gente que pulula en el patio y anfiteatro (y he de decir que la música le da un toque interesante a este estudio), ya que esto a veces sirve para inspirarse.
...
Nada. Sigo sin tema ni palabras (ni fuego).
Pero, de pronto, miro hacia atrás, todo ese proceso de búsqueda.
Ahí está: claro, simple, inspirador. La falta de tema será mi tema.
Ésta es claramente una de esas ironías de la vida en las que no queda otra que no sea decir "sí" y empezar a mover la pluma. Y he aquí como la fuente de la inspiración fue justamente la falta de inspiración.


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